Halloween es la época perfecta para hablar del miedo. Pero más allá de los disfraces y las historias de terror, los niños y niñas también enfrentan miedos muy reales que crecen junto con ellos.
Entre los 9 y los 12 años, los temores cambian de forma, ya no se trata de monstruos o fantasmas, sino de miedos emocionales y existenciales que reflejan un desarrollo más complejo de su pensamiento y sensibilidad.
– Miedo al fracaso
Los exámenes, las notas y las expectativas externas despiertan el temor a no estar “a la altura”. A esta edad, los niños y niñas comienzan a compararse más y a conectar su valor personal con el rendimiento académico o deportivo.
– Miedo a no ser aceptado
El grupo de amigos se vuelve central. Temen ser excluidos, ridiculizados o diferentes. Es la edad donde el “qué dirán” empieza a pesar más que la opinión de los adultos.
– Miedo a la muerte y al paso del tiempo
Las preguntas sobre la vida y la muerte se vuelven más profundas. Empiezan a entender la irreversibilidad de la pérdida, y eso puede generar ansiedad o curiosidad.
– Miedo a los problemas económicos
Cada vez están más atentos al mundo que los rodea: escuchan noticias, notan preocupaciones familiares y pueden sentir angustia por la estabilidad del hogar. Aunque no siempre lo expresen, perciben y procesan más de lo que parece.
Cómo podemos acompañarlos
- Escuchar sin minimizar. No se trata de decir “no tengas miedo”, sino de preguntar “¿qué te preocupa exactamente?”.
- Darles información clara. Explicar lo que ocurre con un lenguaje honesto y adecuado a su edad.
- Fomentar la confianza. Que sientan que pueden expresar sus pensamientos sin juicio.
- Modelar calma. Los adultos somos su espejo emocional.
Halloween nos recuerda que todos tenemos miedos. Pero cuando aprendemos a mirarlos de frente —sin disfraz—, se vuelven una oportunidad para crecer, empatizar y fortalecer vínculos.
🕸️ Porque el miedo, cuando se acompaña, deja de ser terror… y se convierte en aprendizaje 🕸️